24 horas en Sevilla
Los conocedores de España están seguros de que en ninguna otra ciudad española arde el fuego de la pasión tan claro como en Sevilla. Para los visitantes de verano se añade una circunstancia difícil: en casi ninguna otra región de España arde el sol tan despiadado como aquí, en el corazón de Andalucía. Los españoles se evitan el problema gracias a su siesta, lo cual sería un despilfarro en tu viaje corto. Por ello, lo mejor es buscar las sombras de los impresionantes edificios, símbolo de las obras arquitectónicas moras.
Comienza tu viaje de reconocimiento en el Barrio de Santa Cruz, donde todo es tal y como uno se imagina una ciudad española: callejuelas pequeñas, fuentes, bares y cafés. El barrio no fue siempre un mundo de ensueño. En 1391, los judíos del barrio fueron asesinados o expulsados. Un consejo: si la puerta de alguno de los patios interiores está un poco abierta, mete la nariz y curiosea sin problemas. Son pequeños paraísos ideales que a menudo llevan resquicios de aquello por lo que Sevilla es famosa: la influencia del arte arquitectónico islámico.
La mezcla de arquitecturas cristiana e islámica no se aprecia en ningún lugar como en la catedral de Sevilla. Escultural e inmensa, el edificio, construido donde se situaba anteriormente una mezquita, es hoy en día la iglesia gótica más grande del mundo. Los restos representativos moros del edificio antecesor se ajustan de manera absolutamente armónica: el patio naranja en la zona norte de la catedral y, sobre todo, la Giralda, el antiguo alminar y sin duda el símbolo incuestionable de Sevilla.
Incluso el rey Pedro I de Castilla (El Cruel) quedó tan impresionado con la arquitectura mora que de golpe se hizo construir un palacio real con aires islámicos, y esto 100 años después de que los moros fueran expulsados de la ciudad de manera poco amistosa. Plagiado, pero en un nivel superior: los Alcázares Reales pudieran casi compararse con la famosa Alhambra de Granada, un paraíso de agua y piedra.
La Real Maestranza de Caballería es profundamente „española“. Detrás del rótulo "Real Maestranza de Caballería“se alza la Plaza de Toros de Sevilla, una de las más antiguas del país.
La torre octogonal "Torre del Oro" en la orilla del río, denominada así por sus azulejos dorados, es otro de los símbolos de la ciudad. Desde lo alto obtendrás una increíble vista sobre el centro histórico de Sevilla.
Pasea ahora en dirección sur hasta la inmensa Plaza de España. Los nichos azulejados son el lugar más popular para la siesta, ideales para un descanso (corto).
Sería una vergüenza dormirse y perderse, por ejemplo, la Casa de Pilatos; un palacio privado moro encargado por un católico.
Si tienes un poco de hambre y quieres hacer una pausa para café con estilo, aquí tienes muchas posibilidades. La taberna Coloniales y la Eslava son dos de los bares de tapas más conocidos de la ciudad. El Café La Campana te ofrece capuchino y delicias dulces en un ambiente mucho más que tradicional.
Si todavía te sobra algo de tiempo para el arte, atrévete a visitar el Museo de Bellas Artes, muy recomendable. La entrada a la exposición de los grandes pintores españoles es gratis para los ciudadanos de la UE. Si no te gusta mucho el arte, el complejo de museos invita a otro pequeño descanso en sus ideales patios interiores y sus claustros.
Un descanso que no sería una mala idea. Sevilla se despierta cuando se esconde el sol, para su vida nocturna es necesaria mucha resistencia. En la zona de La Carbonería puedes encontrar flamenco, barbacoas y ganas de fiesta. En verano, es muy anunciado el lugar de encuentro nocturno al aire libre Ylang Ylang, en el Prado de San Sebastián.