24 horas en Lisboa
Lisboa es la ciudad de la nostalgia positiva. Desde siempre, sus habitantes se debaten entre la tristeza y la alegría de vivir portuguesa, una actitud que define a la perfección las palabras y sonidos del fado. ¿Tiene esto algo que ver con el estilo de vida de la generación más joven? ¡Descúbrelo tu mismo a lo largo de un viaje corto!
La Praça do Comércio es la puerta al centro de la ciudad. Aquí se vende, alrededor de la escultura ecuestre del rey José I, sobretodo hachís. A lo mejor esta no es la mejor impresión que puedas tener al principio, pero esto no debe asustarte. Lisboa es por todas partes una ciudad de contrastes y, la mayoría de las veces, esto es lo que la hace interesante.
Ahora sube dando un paseo al Castelo de São Jorge, un lugar idílico donde los haya. Y eso a pesar de que durante siglos, el foso romano fue usado como defensa de la ciudad. Hoy en día, los jubilados juegan a la petanca a la sombra de los árboles. Los visitantes de Lisboa callejean por los jardines y disfrutan de una vista increíble sobre el centro histórico de la ciudad y el río Tajo.
Sumérgete de nuevo en el bullicioso ir y venir de la calles de la „ciudad baja“ (Baixa). Haz una parada en la espléndida plaza Rossio que aloja el Teatro Nacional de estilo clasicista.
A la parte alta de la ciudad (Bairro Alto) puedes llegar en el ascensor Elevador de Santa Justa. Si al verlo piensas en París, no estás muy alejado. Su construcción de hierro fundido fue diseñada por un discípulo del famoso arquitecto del símbolo de París, Gustav Eiffel.
El Bairro Alto es, en primer lugar, la zona de salir de Lisboa con incontables bares y clubs. Durante el día te parecerá el paraiso si lo que te gustan son las compras algo estrafalarias: aquí encontrarás boutiques de moda pequeñas pero bonitas y tiendas de música.
En el vecino barrio de Chiado, los artistas y literatos de hace tiempo acostumbraban a vaciar sus vasos de vinos. Uno de los más famosos, el poeta nacional de Portugal Fernando Pessoa, iba sobretodo al Café a Brasileira. No hay razón para no imitarle.
Si ya comienzas a tener hambre y además tiene que ser algo tan rico como cocinado por una madre portuguesa, encontrarás remedio a tan solo un par de casas: la gente de Lisboa se muere por las delicias del pequeño local Antigo 1° de Maio. Una vez repuestas las fuerzas puedes seguir hacia la visita obligatoria de cualquier viaje a Lisboa: la Torre de Belém, uno de los símbolos de la ciudad. Se encuentra algo apartada en las aguas del Tajo y es de la época en la que barcos de todo el mundo antiguo volvían a Lisboa repletos de mercancía.
El gran navegante portugués y descubridor de la India Vasco de Gama, se encuentra enterrado en el Mosteiro dos Jerónimos. Junto con la Torre de Belém es el mayor ejemplo del magnífico aunque algo elaborado estilo manuelino, una derivación del gótico portugues (¡visitar sin falta el claustro!)
Si tu viaje tiene que tener una visita a un museo, lo mejor es que vayas a ver la extensa colección del magnate del petróleo armenio Gulbenkian, sin duda uno de los museos más interesantes de la ciudad, con parque incluido.
Cuando cae la noche sobre Lisboa, ¡comienza la vida de verdad! Una noche clásica en la ciudad empieza en alguno de los innumerables bares del Bairro Alto y termina (esperemos que no de manera trágica) en alguno de los locales de moda a orillas del río, como el Lux . Si lo que quieres es escuchar un fado, deberías evitar las trampas para turistas. En Lisboa hay muchos sitios que venden como fado lo que no se merece esa denominación. El Clube de Fado se considera una dirección relativamente de fiar.