24 horas en Venecia
La Muerte en Venecia: la ciudad de los canales conserva ya muy poco del escenario de ensueño de la famosa novela corta de Thomas Mann. Más bien uno sucumbe a las masas de turistas que circulan en cantidades insospechadas por las calles en época de vacaciones. Sin embargo, un viaje corto por el Canale Grande puede convertirse en una experiencia maravillosa, especialmente si conoces algunos de los lugares que están fuera de los trillados caminos señalizados.
Santa Maria della Salute, enorme iglesia de mármol blanco, es un buen comienzo para descubrir la ciudad. En esta obra votiva, erigida tras una de las numerosas epidemias de peste que asolaban la ciudad, se agrupan todas las características que definen la arquitectura barroca de Venecia y, sin duda alguna, en toda su dimensión.
La Plaza de San Marcos (mientras no esté de nuevo bajo el agua) es elegante pasarela de espresso, espacio receptor de turistas y cuarto de baño de palomas, todo en uno. La subida en ascensor a la campana del famoso Campanile ofrece una increíble vista de la ciudad. Si te interesa la arquitectura te alegrarás de visitar la Basílica de San Marcos. Esta iglesia de más de mil años de antigüedad representa el estilo bizantino y ofrece más de 4000 metros cuadrados de mosaicos en una decoración única. Desde donde mejor se puede admirar es desde la galería.
En el colosal Palacio Ducal se reunía antiguamente el poder político de la ciudad de los canales. Una vuelta por su interior es sin duda una buena experiencia, pero si se tiene poco tiempo es suficiente con echar un vistazo a las escenas y figuras fantásticas y los capiteles de los portales de la fachada exterior.
En el puente Rialto hay una afluencia de gente continua y una sensación de estar cual sardinas en lata, y sin embargo, el símbolo de Venecia (hasta el siglo XIX el único paso peatonal sobre el Canale Grande) es un deleite para la vista. Por el contrario en Do Mori (el bar de vino más antiguo de Venecia) hay muchas probabilidades de encontrarse a un par de habitantes de la ciudad. No te arrepentirás de mezclarte ellos y tomar un vaso de vino y un tramezzini.
Si no puedes evitar tomarte un Gelato, continúa hacia Alaska, probablemente la heladería más pequeña y, de algún modo, especial de la ciudad. Esperemos que los sabores de espárrago o regaliz consigan mantener alejadas a las masas de turistas durante mucho tiempo.
También difícil de encontrar en la ruta estándar de un viaje a Venecia (y desde luego, merece la pena dar un rodeo), es el edificio de reunión Scuola Grande die San Rocco, donde la contemplación de 56 increíbles cuadros de Tintoretto en su ubicación original te quitará la respiración.
La noche ha llegado. No comerás un pescado tan bueno y en diferentes modos de preparación en Venecia como en el Restaurante Da Alberto.
Por otro lado, en lo que se refiere a las posibilidades para salir de marcha, la ciudad de los canales llega al límite de sus posibilidades. Aunque sí se puede salir de manera relajada y animada aquí y allá, como por ejemplo en el Café Blue o la discoteca Piccolo Mondo. Quien no pueda resistirse a su “Ibiza Feeling”, se puede ir en barco (vaporetto) a las playas de marcha del Lido.
Consejo: atravesar el Canale Grande en taxi acuático o en barco es una gran experiencia para los que no quieran andar, pero no muy barato. El viaje sencillo en barco cuesta 6,50 euros, el taxi acuático, más flexible, tiene una bajada de bandera de 13 euros, cada minuto más cuesta 1,8 euros.