24 horas en Roma
Todos los caminos llevan a Roma y da igual desde donde se haya partido: la llegada hay que celebrarla por todo lo alto y lo mejor es hacerlo con una café en el Café Giolitti en el centro de la ciudad (El viaje de 24 horas empieza por la tarde). A tan solo unos pasos (y a un par de siglos de la historia mundial) se encuentra la Piazza Navona. Aquí confluyen, en la fuente de las cuatro corrientes, los dioses de los ríos Danubio, Nilo, Ganges y el Río Plata. Pero la Fontana dei Quattro Fiumi es tan solo uno de los muchos monumentos de la plaza, por cierto también muy animada de noche. (Quien quiera pasar la noche en el centro, debería tener en cuenta el Hotel Raphael: el edificio rodeado de hiedra está a la vuelta de la esquina).
Se sigue hacia el Campo dei Fiori, otra plaza muy popular entre los romanos y turistas. Aunque en ninguna de las dos plazas es barato hacer una pausa en uno de sus cafés. Para tomar un pequeño tentempié es mejor alejarse un par de calles, por ejemplo ir por el callejón que lleva a la Iglesia de Santa Barbara. Aquí se encuentra el Filettaro de Santa Barbara, un restaurante con una carta pequeña pero muy buena y muchos clientes.
Para el programa nocturno se recomienda una „excursión“ a Pigneto, el barrio de moda al oeste de la estación de tren. El restaurante Necci dal 1924 lo frecuentaba Pasolini, el ya entonces famoso director de cine italiano, que contribuyó a la transformación de este barrio de uno obrero a uno de moda. (Para ir allí se coge el autobús 64 hasta la estación de tren. Ahí se cambia al autobús 5 o 14 y se va hasta la parada P. Le Prenestino. Está a tan son solo unos metros de la parada). Otro highlight de la vida nocturna es el barrio de Trastevere en la otra orilla del Tiber.A la mañana siguiente merece la pena hacer una visita al bar Sant'Eustachio para tomar un desayuno italiano (espresso y cornetto de pie), antes de dedicarse de lleno a la geometría del Panteón (construcción impresionante de la antigüedad romana) y a las innumerables iglesias de la zona.
La comida va a ser todo un espectáculo para los sentidos: en el restaurante Maccheroni se puede observar al cocinero mientras prepara los clásicos manjares italianos. La cocina está en el restaurante mismo, tan solo separada por una pared de cristal. Como alternativa se recomienda Obika, el primer bar de mozzarela de Roma. Aquí hay ensaladas y otros platos, cuyo protagonista es el queso de búfala de Campania. Ya con el estómago lleno, se continúa de excursión a la Plaza de San Pedro donde hay que echar una vistazo también a la catedral. Quien quiera subir a la cúpula deberá tener tiempo porque para disfrutar de la increíble vista hay que esperar bastante. Si el tiempo acompaña se recomienda un largo paseo por la Villa Borghese. Para terminar la visita a Roma lo mejor es disfrutar despacio y placenteramente de un café helado en el Café San Crispino y la visita obligada a la Fontana de Trevi para tirar una moneda.