Sofisticado centro cultural y paraíso para los amantes del deporte, todo en una misma ciudad
Aunque Viena es incuestionablemente una de las grandes ciudades europeas, a veces su sutil encanto puede pasar desapercibido para el visitantes. Los turistas que decidan pasar unos días en este otrora lugar de descanso de la Familia Real de los Habsburgo podrán descubrir los encantos de Viena de muchas y muy diferentes formas.
Los tesoros culturales de la ciudad son tan irresistibles como abundantes. Las catedrales barrocas se entremezclan con iglesias medievales y en todas partes se respira arte, música y más arte. El palacio más famoso de Austria, el Schönbrunn, se erigió para rivalizar al Versalles parisino, y pasear por él es como atravesar una gigantesca y dorada caja de música. La Opera Estatal de Viena también es un punto inolvidable y merece la pena una visita incluso para quienes no puedan darse el lujo de comprar una entrada en el patio de butacas (algo que puede ser sorprendentemente barato).
Viena también tiene todo tipo de atracciones para los amantes del aire libre. El famoso río Danubio es el mejor lugar para dar un paseo en barca o practicar deportes acuáticos, y escaparse a los placeres de la naturaleza que ofrece su Wienerwald es rápido y sencillo.
La cocina local vienesa es elaborada y deliciosa y el turista puede encontrar buenos restaurantes para degustar un escalope vienés, un sabroso goulash o la inmortal tarta Sache, o dejarse atrapar por uno de los tranquilos jardines desperdigados por toda la ciudad para contemplar el bello atardecer mientras devora una sabrosa salchicha a la parrilla.
La mezcla perfecta entre los tesoros naturales y aquellos hechos por el hombre hacen que el tiempo pasado en Viena sea a la vez estimulante y relajante. No olvide traer sus prismáticos para la ópera ni sus botas de montaña.




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