Vive el color.
Lisboa no es una ciudad que goce de sitios de interés al estilo de Paris o Roma, no hay una Torre Eiffel o un Vaticano, ni lugares populares que atraigan a las masas. Ciertamente está rodeada de catedrales históricas, y es el hogar de la emblemática Torre de Belén, pero lo más importante de Lisboa es que se trata de un lugar de sensaciones. Experimentar Lisboa es como experimentar el color por primera vez. Además del fucsia y violeta de cada buganvilla, las casas blanquecinas de la Alfama, y el llamativo azul del océano en Cascais, los portugueses han perfeccionado el arte de vivir intensamente. Desde el tradicional Fado, embriagante y melancólico, hasta los literalmente embriagadores bares y electrizantes clubes nocturnos que mantienen sus puertas abiertas hasta el amanecer, Lisboa posee un fulgor fascinante que cautiva y que por encima de otras atracciones turísticas permanece incesante en la memoria. No hay que olvidar la combinación ideal de platos relativamente económicos junto a uno de los mejores vinos de Europa, combinación con la que terminarás en una ciudad rebozada de vida que te dejará alegre y listo para más. Mientras el fulgor y sosiego coexisten aquí; las plazas concurridas y parques se riegan a lo largo de esta ciudad en la que se puede pasar toda una tarde observando, perdiendo la cuenta del tiempo. La naturaleza bipolar de Lisboa es lo que la separa de otras ciudades de Europa, razón suficiente para que quieras volver una y otra vez.

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