Un hermoso país con un pasado complicado
Ancho como una caña de bambú y largo miles de kilómetros, el vibrante Vietnam alberga tantas cosas en su sinuosa silueta henchida de montañas, que los viajeros reincidentes todavía encuentran motivos para deslumbrarse. Ahora compinche de los Estados Unidos, Vietnam está de parabienes con los negocios que ha cosechado durante el siglo XXI y las inquietas ciudades de Hanoi y Ho Chi Minh (Saigón), que mutan a cada segundo. La mayoría de los recorridos comienzan y terminan donde empieza la otra: Hanoi es más bonita, con mucha más historia cultural y se encuentra más cerca de las montañas, pero la comida del viejo Saigón es mucho más sabrosa y posee una incansable vida nocturna que no tiene paralelo. Desde Ho Chi Minh es muy fácil contratar tours en barco hasta los canales color chocolate del delta del Mekong, visitar pueblos dedicados al cultivo de arroz o conocer los claustrofóbicos túneles de Cu Chi, antiguos escenarios de la guerra de Vietnam. Arriba en la costa, encontrarás la mejor playa del país, Nha Trang, de aguas turquesas y un horizonte de hoteles en constante expansión, pero para muchos Hoy An, una antigua ciudad comercial china de calles adoquinadas, es una de las joyas del recorrido. A unas pocas horas más al norte se encuentra Hue, la anterior capital de Vietnam, que te sorprenderá con sus tumbas reales y la comida callejera más especiada del país. Muy cerca de la frontera con China, puedes tomar un crucero hasta el grupo monolítico de islas de piedra caliza de la Bahía de Halong, bautizada así por una leyenda de dragones. Y a una noche de viaje en tren te espera Sa Pa, hogar de las montañas más altas de Indochina y de numerosas minorías étnicas.

