Hogar de los valientes
Las imágenes que ofrecen la televisión, el cine y la música de Estados Unidos son auténticas. Uno sólo tiene que salir por ahí para ver a cowboys tejanos mascando tabaco, extensas montañas de color púrpura, el viento soplando por las planicies, los barcos de vapor navegando por los ríos, o incluso casposas estrellas de pelo rubio teñido vestidas de terciopelo en algún club de carretera.
Nueva York y Los Anges son las grandes estrellas del firmamento, pero el turista también puede disfrutar realizando un viaje de una semana a algunos de los centros neurálgicos de la costa este, como Washington DC. Filadelfia o Boston, o entretenerse con escapadas de un día a San Francisco o Seattle, en la zona oeste de Estados Unidos.
Lo mejor de todo es recorrer alguna de las interminables autopistas de dos carriles que conectan el Atlántico con el Pacífico. En el Sur Profundo, se recomienda hacer parada y fonda en ciudades coloniales como Charleston en Carolina del Sur, adentrarse en los bares de blues de Mississippi, probar los mejores guisados de Luisiana o visitar el Graceland de Elvis. Y en el Medio Oeste se puede visitar el famoso arco de San Luis o cruzar el Mississippi hasta Chicago.
El suroeste permitirá al viajero entrecruzar la enorme extensión de los parques nacionales, desde el Yellowstone de Wyomming o el de los Glaciares de Montana, hasta el desierto colorado de Utah que te lleva hasta el Gran Cañón en Arizona. Tengan en cuenta que el concepto de los ‘low cost’ en este país están muy por detrás de lo que uno puede encontrar en Europa. Por algo llaman a Estados Unidos el país de los coches.


