Entre la Piazza Navona y el Panteón se encuentra uno de los cafés y torrefactoras más antiguas de Roma. Aquí se sirve el probablemente mejor espresso de la ciudad que se toma sobre todo de pie en el bar, acompañado de carabinieris, trabajadores, políticos y otros habitantes. El tueste del café propio se hace en una tostadora de madera de 1948 y es perfecto como souvenir, aunque luego el café en casa no llegue al mismo nivel de perfección. Unas cuantas mesas delante del café invitan a quedarse allí y observar la Basílica del mismo nombre de la plaza. En la punta, en vez de una cruz hay un ciervo blanco, aunque por supuesto se esconde una cruz: entre los cuernos del ciervo.
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