Explora la misteriosa metrópolis japonesa
Si tomas el ascensor hasta la última planta del Shinjuku Metropolitan, el edificio más alto de Tokio, todo lo que podrás contemplar son luces brillantes, bloques calcáreos de apartamentos, verdes parques y relucientes torres de oficinas, una panorámica vista de urbanismo hasta donde la vista puede alcanzar.
Nueva York está rodeado por los suburbios de la región de los tres estados y desiertos estériles delimitan las afueras de El Cairo, pero la zona metropolitana de Tokio parece extenderse hasta el infinito, un vasto océano de humanidad que inunda las planicies de Ezo.
No obstante, dentro de esta megalópolis se extiende una hilera de pequeñas urbanizaciones, rincones escondidos y callejones angostos que te guían hasta pubs acogedores y misteriosos santuarios. Uno podría pasar toda la vida explorando Tokio y seguir encontrando sorpresas cada día.
Un lugar que está plagado de todos esos lugares turísticos que la gente conoce bien –como la estatua de un perro frente a la estación de Shibuya o los agradables senderos del Parque Ueno- aunque en realidad Tokio es una ciudad de secretos.
En esta gigantesca jungla de cemento y concreto, cada uno tiene su propio escondite, su lugar favorito que sólo conocen un grupo de elegidos, lo que hace del ambiente de Tokio una extraña combinación entre estimulaciones irresistibles y apreciados rincones de intimidad y calma.
Uno no se equivoca al decir que el corazón de la ciudad es el último rincón secreto – los jardines del Palacio Imperial, rodeados de fosos de torres altas--, un punto fijo en el caótico remolino. Uno puede vislumbrar el interior de los Jardines Imperiales sin ni siquiera haber entrado en sus terrenos, así como experimentar Tokio sin llegar a comprender nunca su verdadera esencia.


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