Una Dosis de Oriente
Las ciudades marroquíes de Marrakech, Fez y Mequínez inundan nuestros sentidos con impresiones imborrables: laberintos de estrechos callejones animados por el bullicio de los artesanos de la plata, grandiosas mezquitas de relucientes fachadas iluminadas por miles de azulejos, aromas de comino y azafrán que emanan de los puestos de vendedores de especias y vuelan por toda la ciudad o el gusto de aquel té que nos ha servido un vendedor de alfombras antes de iniciar la ceremonia del regateo para “llegar a un buen precio”. La riqueza cultural de Marruecos, resultado del mestizaje entre árabes y bereberes y la influencia cultural de los colonos franceses y portugueses, lo convierten en el punto de partida ideal para explorar el norte de África. El tren te llevará a las principales ciudades del país. Desde Tánger, cerca del Estrecho de Gibraltar, parte un tren hacia los aposentos reales de Rabat y las metrópolis de Casablanca y Marrakech. Otro tren conecta las ciudades del este vía Fez hasta Argelia. En el interior del país un servicio de autobús te acercará hasta las Montañas del Atlas, las magníficas alcazabas y la ciudad de Ouarzazate, escenario de innumerables producciones de Hollywood. No dejes de visitar Esauira, la gema de la costa atlántica marroquí.


