Una cultura ardiente de gente maravillosa
Los Andes, el Amazonas y el Caribe se entrecruzan en la enigmática Colombia, uno de los grandes destinos de América del Sur que está saliendo poco a poco de su peligroso pasado. Es precioso y amigable, como un armazón de culturas. Los disparos más altos que puedes escuchar son las explosiones de pólvora del Tejo, el deporte nacional de Colombia.
La llave para la seguridad es quedarse en los lugares apropiados. Y no te pierdas su capital, Bogotá, situada a 9.000 pies sobre el nivel del mar. En el histórico distrito de La Candelaria puedes probar un delicioso café local y tomar después el teleférico para subir al Mirador de Monserrate. En barrios cosmopolitas como la Zona Rosa, puedes caminar tranquilamente entre discotecas de salsa después de medianoche.
La siguiente parada es Cartagena, la preciosa ciudad colonial a orillas del Caribe llena de plazas con sonido de acordeón que evoca al vallenato. Más diversión podrá encontrar uno en los arrecifes de coral de Islas del Rosario, o la profunda bahía y la costa selvática del Parque Nacional de Tayrona.
A poca distancia, las islas de San Andrés y Providencia son centros de buceo donde se habla inglés en un ambiente caribeño. Ya en el interior, Medellín ha logrado quitarse de encima la imagen de los carteles de la droga que durante años la hizo famosa, con bares repletos de gente en el Parque Lleras y paseos en góndola por los Andes. Los viajes por carretera ya no son la ruleta rusa de hace décadas, pero es mejor tomar aviones en vez de autobuses nocturnos.


