La favorita entre los creyentes y turistas
A primera vista es la mezquita más impresionante de la ciudad. Las cúpulas se recortan en tres alturas contra el cielo y ninguna otra casa de dios islámica, aparte de la mezquita sagrada en la Meca, tiene seis minaretes. Para expiar este atrevimiento se tuvo que construir otro minarete en la Meca. La llamada Mezquita Azul fue construida por uno de los discípulos del Maestro Sinan a comienzos del siglo XVII y supuso un enorme agujero en las arcas estatales. Aunque el esfuerzo ha merecido la pena para la posteridad. Construida justo enfrente de la Iglesia de Santa Sofía, ya sus patios impresionan por su tamaño. En el interior dominan los azulejos azules, la alfombra roja y las enormes lámparas que cuelgan del techo. Desde algunas de las 260 ventanas – muchas de ellas con vidrieras de colores – se ve el Mar de Mármara o el bonito jardín de la mezquita. Con la Mezquita Azul, la arquitectura sacral otomana alcanzó su punto culminante. En los siguientes 300 años no hubo arquitecto que fuera comparable a Sinan. La Mezquita Azul es, no en vano, visita obligada para los visitantes de Estambul. Los turistas entran a la mezquita por una entrada especial y las mujeres no musulmanas no tienen que taparse la cabeza.


