Un paseo por el colorido y caótico mercadillo de Madrid es simplemente una visita obligada.
Una visita al Rastro es para muchos madrileños una rutina dominical como el ir a la iglesia. La mayoría no busca nada por los más de 1300 puestos, sin embargo, compra siempre alguna cosa. Descubrimientos extraordinarios son difíciles de hacer.














