Mallorca
Para ir a Mallorca, hemos decidido partir del Puerto Deportivo de Barcelona. El barco es un velero de 12 metros de eslora, bien patroneado, ya que la empresa contratada lleva años haciendo la travesía, y el piloto conoce bien los vientos y las mareas, además de otros meteoros, tales como encalmadas, nieblas, tornados,...aunque vamos tranquilos, ya que es buena época, y los vientos del sur dominantes son favorables, suaves y continuos; hace una brisa ideal para la navegación. No hace frío en este raro final de enero.
Además de nuestra tranquilidad por el piloto experto, la nave cuenta todos los instrumentos de medición, seguridad y posicionamiento marítimo, como GPS, luces de emergencia, balizas de aviso, salvavidas, botes auxiliares, etc...los camarotes son austeros, aunque cómodos y confortables, con un pequeño minibar repleto de zumos y cerveza sin alcohol, así como pastillas para el mareo, usadas a discreción según la experiencia de los eventuales nautas. La travesía dura un día completo. Al atardecer, zarpamos, y antes de que las últimas luces de la antigua Barcino nos abandonen, el piloto calcula con destreza la situación de gráfica a mano: l= 40-36-5N y lo confirma con el GPS. Se comunica con un pesquero que le confirma un buen parte meteorológico de la zona hacia donde navegamos, prácticamente ciñendo; hoy sólo nos da tiempo de cenar y acostarnos; nos sumimos en la oscuridad plateada del mediterráneo. Hay luna llena. Algunas estrellas no se perciben bien con la luz lunar; aún así, es un mundo perfecto, sin pretensiones, sólo navegar, vivir una sensación única de plenitud.

